Turismo Gay
- Buenos Aires,
Argentina
Buenos Aires, la "meca" gay:
Desplazó a Río de Janeiro y ahora es una de las capitales más visitadas por
gays, con una movida "gay friendly", que se extiende durante las 24 horas
del día
Hace más de una década, en Londres, llamaron al turismo gay "The pink pound",
algo así como "La libra rosa". El título se refería a que cada vez que la
comunidad gay encontraba un destino acorde a sus gustos, gastaba
inmediatamente toda su plata allí. Así es que, siguiendo "la pista del
dinero", se definían los nombres de las “ciudades gays”.
Hoy, "The pink pound" es Buenos Aires, actualmente considerada una de las
capitales gays más populares del mundo, al mismo nivel de Sydney, Australia
(la meca gay contemporánea) y por encima de Río de Janeiro, Brasil, que
durante muchos años fue el destino gay por excelencia de Sudamérica.
Buenos Aires es uno de los destinos gay más sofisticados del mundo. Tiene el
estilo europeo de Milán o París, pero con una diferencia que la vuelve
única: la movida gay dura las 24 horas del día. Hay dos cuestiones de fondo
que, sin duda, impulsaron el fenómeno del turismo gay en la Argentina. La
primera es económica: la devaluación del peso convirtió a Buenos Aires en
una de las capitales más baratas del mundo. Eso implica que los turistas
pueden comprar las mejores marcas de ropa y accesorios, viajar por todo el
país y comer en los más lujosos restaurantes a precios verdaderamente
increíbles.
La segunda cuestión, más trascendente, es cultural: la ciudad aprendió a
manejar los códigos de la comunidad gay, por lo que no hace falta lidiar con
prejuicios, ni hablar bajito para pedir una cama doble en un hotel de cinco
estrellas.
En Buenos Aires hay un ambiente gay culto, que habla idiomas y eso ayuda.
Los gays europeos y norteamericanos tienen la mente más abierta que los
Argentinos. No se ocultan: se dan la mano en la calle y, la verdad, la gente
no los molesta. Eso también los sorprende: muchos pensaban que aquí sólo
había monos y bananas."
Los turistas gays que visitan la Argentina tienen características muy
puntuales, que los convierte en un "target" muy atractivo para el turismo
local: son pasajeros frecuentes, gastan dinero y son exigentes.
En promedio, tienen entre 30 y 50 años y, en su mayoría, vienen de Europa
(en especial, de Alemania, España e Italia) y de los Estados Unidos.
El turista gay es, por naturaleza, un gran noctambulo, le gusta vestirse y
comer bien. Por eso Buenos Aires es un sueño para él.
Actualmente existe una oferta de más de cien bares, restaurantes y discos
“gay friendly” concentrada entre los barrios de Palermo (en todas sus
versiones, Viejo, SoHo, Hollywood y Sensible), San Telmo, Recoleta y Barrio
Norte.
Hay, también, un turismo “de cabotaje”, que agrupa a los chicos de
veintipico que llegan del interior del país, sobre todo, de Rosario, Córdoba
y Tucumán. Los turistas gays eligen Buenos Aires como base, para luego
moverse por todo el país: visitan el Tren de la Nubes, en Salta, Mendoza,
Ushuaia y Bariloche. A la mayoría le entusiasma mucho la idea del fin del
mundo” (el sur argentino).
Río quedó relegado y hoy concentra un turismo más “reventado”, más ligado a
los encuentros sexuales casuales y muy relacionado al descontrol del
carnaval. Buenos Aires, en cambio, se perfila como una propuesta más
cultural.
También algunas compañías aéreas, como Qantas y American Airlines se definen
abiertamente como “gay friendly”. Su objetivo es aún más directo: capturar a
los turistas gays, muy amigos de los viajes, como pasajeros frecuentes.
Las discotecas para bailar favoritas de la movida gay porteña son las
"electrónicas", como Pachá, Big One, Palacio Alsina y la tradicional
Confitería “La Ideal”, con su atractiva oferta "Saturday's night live".
Para no perder las raíces arrabaleras, Buenos Aires ya tiene un tango gay.
Llamada "La Marshall", en honor a Niní, uno de los grandes iconos gay
porteños, todos los miércoles a la noche, el local reúne a varias decenas de
chicos, la mayoría de ellos, turistas, a bailar tango. "El tango gay de
Buenos Aires es único en el mundo”, dice Roxana Gargano, organizadora de La
Marshall.